Trasladamos los datos del solicitante al formulario oficial del Estado receptor: cada casilla lleva el rótulo tal como lo imprime el formulario local, traducido a un idioma que el solicitante entiende.
Los rótulos y su numeración se toman del formulario vigente del organismo. Donde un formulario aún no está cotejado, lo decimos sin rodeos en lugar de taparlo con una fórmula verosímil.
El solicitante ve la casilla en el idioma de la jurisdicción y, al lado, qué se escribe en ella y por qué. La grafía del nombre se toma del pasaporte, no de un transliterador.
No nos dirigimos a los organismos en nombre de nadie, no damos asesoramiento jurídico ni prometemos resultado alguno. Quitamos el trabajo mecánico y los errores que lo acompañan.